LAS FEMINISTAS Y LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

Determinados casos de presuntas violaciones convertidos en circos mediáticos por la prensa, la misma prensa que calla cuando las agresiones sexuales las cometen inmigrantes, que por cierto, es la inmensa mayoría de las veces, ha dado pie a las feministas profesionales, las mismas que miran para otro lado cuando los violadores son musulmanes o que defienden el burka, a montar otro espectáculo de histerismo a cuenta de los males de la sociedad patriarcal. Rabian estas femi-listas y sus congéneres masculinos, los femi-listos, porque los presuntos violadores osen defenderse de las acusaciones, cuestionar los testimonios que los acusan, mantener sus abogados que las relaciones sexuales fueron consentidas y demás estrategias de defensa. ¡Machismo!, gritan desconsoladas. ¡Patriarcado!, repiten compungidas.

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Es una indudable demostración del machismo de nuestra sociedad, sostienen con seriedad, que a los presuntos violadores no los linchen en la plaza pública sin juicio alguno o, como mucho, no se sustancie un proceso sumarísimo en el que los malvados representantes del patriarcado violador, opresor durante siglos, sean condenados sin permitirles derecho a la palabra ni a la defensa. “Yo te creo hermana” le dicen a la acusadora con solidaridad. Si es mujer dice la verdad. Si es hombre es culpable. No hay más. Cualquier matiz procede de un sexismo intolerable. ¿Se atreverá alguien a cuestionar este dogma de fe sin que las modernas inquisidoras feministas protectoras de la corrección política no lo lancen a las llamas purificadoras de su ira?

Yo no te creo “hermana”. Ni te creo ni te dejo de creer. No te conozco, no estaba allí. Tampoco creo a tu presunto agresor. Tampoco le conozco. Si te forzó es un canalla que debería pasarse el resto de su vida en la cárcel, pero no lo puedo dar por supuesto, solo con tu palabra. Hay mujeres que mienten y otras que dicen la verdad, como hay hombres capaces de violar a una mujer y otros absolutamente incapaces de tamaña felonía. Habrá que atender a las pruebas en un juicio justo, en el que tú tengas la posibilidad de acusar y ellos de defenderse. Eso no es machismo, es nuestro sistema procesal, un orden penal con garantías. No es patriarcado, es derecho a la defensa. No es sexismo, es presunción de inocencia. Vale lo mismo cuando el acusado es hombre que cuando es mujer, y de igual modo, cuando la víctima es mujer o cuando es hombre. ¿Que nuestro sistema, en un exceso de garantismo, protege más al presunto agresor que a la presunta víctima? Puede ser, pero no precisamente por ser hombre.

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¿Qué pretenden nuestras feministas profesionales, que la palabra de una mujer sea tenida por cierta frente a la de un hombre solo por su condición de tal? ¿Son conscientes de a que abismo de injusticia nos lleva su histeria? ¿Si tan preocupadas están por la seguridad de las mujeres, por qué ignoran los abusos cometidos por inmigrantes y refugiados, que son la inmensa mayoría, o incluso defienden a sus autores, y se muestran tan tolerantes con culturas misóginas en las que la mujer sí es despreciada?

No sé si los famosos integrantes de “la manada” o los futbolistas de no sé qué equipo o los protagonistas del próximo show televisivo que dé continuidad al culebrón de moda entre las feministas son culpables o inocentes de lo que se les acusa. Si son culpables espero que sean condenados, pero eso lo tendrá que decir un juez en un proceso, no los medios a petición popular. Si son inocentes, igualmente espero que se les absuelva, pero me pregunto qué tribunal tendrá el valor de hacerlo, con la presión política y mediática que conllevan estos procesos y el linchamiento moral que espera al juez que les niegue a las feministas su libra de carne.

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Violentar a una mujer es una de las cosas más repugnantes que puede hacer un hombre y me gustaría vivir en un sociedad con valores morales lo suficientemente rectos como para que el que ocurriese algo así fuese simplemente imposible. No es esa, sin embargo, la sociedad que nos traen los progres y las feministas, sino un sociedad enferma y decadente, donde se aprovecha el dolor de las víctimas para proclamas políticas sin sentido y se pretende que antes cien inocentes sean condenados a que escape un solo culpable, si eso sirve a su ideología alucinada, contra la máxima tradicional de los sistemas penales modernos y en coherencia con lo que la psicópata de la Pasionaria sostenía de los perseguidos por el comunismo.

Recuperar los valores familiares, educar a los niños para que respeten la dignidad de los demás por encima de sus apetencias, construir una sociedad en la que hacer lo correcto esté más valorado que buscar placeres hedonistas “por encima del bien y del mal”, dar a nuestras fuerzas de seguridad elementos materiales y una legislación suficientemente dura como para que ningún criminal escape son mejores antídotos contra las agresiones a mujeres y mayores garantías de una sociedad más justa y segura para todos, que permitir a las desquiciadas feministas y a los desquiciados progres de todos los pelajes violentar nuestro derecho penal y establecer un sistema injusto que criminalice al hombre solo por serlo.

 

JOSÉ MANUEL BOU BLANC es escritor, autor del libro CRISIS Y ESTAFA disponible aquí.

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